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Hoy en día, existe una nueva tendencia en nuestra sociedad orientada a cambiar el  ordenamiento del tiempo personal, social y laboral, que afecta a todas las facetas de nuestra vida.

Nuestro país es singular en cuanto a los horarios que nos rigen. A diferencia del resto del mundo, tenemos costumbres propias y únicas, como hacer una pausa para desayunar  a media mañana, comer pasadas las dos de la tarde, terminar la jornada laboral pasadas las siete  o cenar después de las nueve de la noche.

Actualmente, se está planteando desde diferentes foros la posibilidad de cambiar estos patrones heredados de nuestra historia reciente. A principios del siglo XX, el momento de la comida y de la cena eran una o dos horas antes que en la actualidad. Fue durante la postguerra, que frente a la necesidad del pluriempleo, muchas familias retrasaron estos horarios para adecuarlos a la doble jornada laboral.  Este hábito se sigue manteniendo hoy en día, aunque las circunstancias ya no son las de entonces.

Los cambios que se proponen son tan simples como desayunar antes de iniciar la jornada, suprimir la pausa de media mañana y adelantar la comida y la cena, al menos una hora.

Evidentemente, estos cambios por si solos son difíciles de aplicar si no van acompañados de cambios más estructurales, como pueden ser en los horarios comerciales, escolares, de ocio y culturales y por supuesto laborales en las empresas y las organizaciones. Se deberían adecuar aspectos como los horarios televisivos y las franjas del “prime time”,  del cine, del teatro y de los espectáculos, de los partidos de fútbol o del comercio y los restaurantes. Así mismo, resulta muy importante flexibilizar los horarios laborales en las empresas.

Es en el ámbito  laboral, donde se pueden aportar medidas de cambio y flexibilización horaria de un modo más fácil y sencillo. Medidas, que además, aportan beneficios reales a las personas y a las empresas, de un modo directo, inmediato y a coste cero.

Para las personas, supone una medida que facilita la conciliación entre la vida personal y familiar, con la vida laboral. Disponer de más y mejor tiempo, de un modo flexible y autónomo, permite tener una mayor calidad de vida y un menor estrés diario . Permite compartir más tiempo de calidad con los hijos, acompañarlos y recogerlos del colegio, ayudarles en sus tareas escolares y dedicarles más atenciones en general, lo cual aporta beneficios directos en su desarrollo y educación. También permite ahorrar tiempo en los desplazamientos, evitando las horas punta, una mejor adaptación a imprevistos personales, favorecer las políticas de igualdad de género, así como disponer de más oportunidades para el ocio y la vida social.

De igual modo, para la empresa, todo lo anterior supone una parte muy importante del salario emocional que repercute en una mayor motivación personal, aumentando el rendimiento y el compromiso, claves tanto para la retención del talento, como  para la atracción de nuevos profesionales.  Diversos estudios sobre RRHH revelan que las medidas de flexibilidad horaria, que facilitan la conciliación laboral y personal, son uno de los aspectos más valorados por las personas que trabajan o quieren trabajar en una empresa.

Es por todos estos motivos, que disponer de una gestión inteligente de los horarios laborales se ha convertido en un factor clave para la competitividad y el éxito de las empresas del siglo XXI.

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Oscar Bermejo

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